NOTAS

Amelia Miller

Psiquiatra infantil
Entrevista y fotos: Malena Rodríguez

“Hay mucho para hacer en lo pedagógico”

Primero decidió ser médico porque le gustaba ayudar. En facultad se dio cuenta de la importancia de la mente y cómo incide en el cuerpo. Le parecía crucial considerar ese aspecto que no se tomaba demasiado en cuenta. Por eso se decidió a estudiar psiquiatría. Y luego optó por los niños porque le atrae el trabajo de prevención. Hoy día trabaja en la Clínica del Niño y está afinando un proyecto que busca reforzar la salud mental a través de los vínculos, fortaleciéndolos en actividades recreativas. Sobre límites, déficit atencional y sistema educativo Amelia Miller dialogó con Dove.

Amelia, ¿se pueden prevenir las enfermedades mentales?

Algunas sí, otras no. La psiquiatría cambió muchísimo cuando apareció la posibildad de medicar a los pacientes. Antes se los aislaba para que los demás pudieran vivir. Hoy las internaciones no duran más de dos semanas porque hay medicación que permite a la persona vivir y convivir con los demás.

¿Ves niños con problemas tan graves?

La patología grave en el niño no es muy frecuente. Lo que más se ve son problemas de conducta, trastornos de ansiedad y de depresión. Estos últimos son esos niños que no expresan mucho pero sufren, llegan a la consulta porque no van a un cumpleaños, no van a casa de amigos a dormir o a un campamento. Nadie se da cuenta de que tienen un problema. En general son problemas multifactoriales. Hay algo del temperamento (eso que traemos al nacer) como ser, por ejemplo, la respuesta a la novedad. Para algunos bebés la novedad puede ser amenazadora, esos bebés pueden ser más propensos a los trastornos de ansiedad. Lo más frecuente son los problemas de conducta, la agresividad hacia otros, hacia sus pares o adultos, desafíos a la autoridad. Como tal, molestan, interfieren en el desarrollo de una clase, entonces las maestras hablan con la psicóloga y ella habla con los padres. Lo que encuentro con estos trastornos es que es difícil lograr que los padres y el colegio trabajen juntos. Muchas veces los padres defienden al hijo porque dicen que es aburrida la maestra o que no logra motivarlos.

¿Cómo ves al sistema educativo en relación a los niños de hoy?

Está lo pedagógico, que es todo un desafío porque hay que revisarlo. Los niños están aprendiendo mucho fuera del colegio a través de Internet, de las redes, y eso los atrapa mucho más que una clase tradicional. El bombardeo de estímulos al que están acostumbrados no se da en una clase. Hay mucho para hacer en lo pedagógico. Hoy se habla mucho del déficit atencional.

¿Cómo ves ese diagnóstico frente a un sistema que no está siendo del todo adecuado?

El déficit atencional afecta entre un 3 y 5% de la población. Es bastante frecuente. Acá en Uruguay el diagnóstico es congruente con las cifras del exterior. Cuando yo me formé como psiquiatra —me recibí en 1998— no se daba ritalina, o se daba muy poco. Pasamos de no dar nada a dar, entonces el contraste es importante. El déficit atencional genera mucha polémica. No es un problema de atención y de inactitud no más. Hay una falla en las funciones ejecutivas. Es la dificultad en la capacidad de organizar la información, planificar, tener una noción de tiempo, capacidad de autorregular las emociones.

¿Es difícil de diagnosticar?

Si bien el diagnóstico es clínico, no hay un estudio que te lo confirme. El chico tiene que tener una serie de síntomas y esos síntomas tienen que haber existido desde siempre. Lo más clásico es la ansiedad, la preocupación excesiva, el miedo a que pase algo en el futuro, eso se traduce en una hiperactividad. Además se deben presentar esos síntomas en distintos contextos. Por otra parte, los síntomas van cambiando con el desarrollo.  Y si no hay déficit atencional en los padres, a mí me aleja de hacer un diagnóstico de ese tipo.

¿Cómo influye el sistema en el que está inmerso el niño, la familia?

En familias donde no hay una rutina, un orden, un límite, donde los chicos son más inquietos y no hay una autoridad o jerarquía en la casa, van al colegio y tienen problemas. La historia del déficit atencional es muy interesante. Antes se creía que los chicos tenían una lesión cerebral mínima. Después dijeron “no puede ser una lesión porque los chicos mejoran, debe ser una disfunción”, y se le llamó disfunción cerebral mínima. Era la época del Dr. Luis Prego, que fue el creador del posgrado de psiquiatría infantil en Uruguay. Luis Prego decía: “disfunción cerebral mínima, disfunción familiar máxima”. Hacía ese juego de palabras, decía que en cualquier disfunción cerebral mínima había una disfunción familiar máxima.

¿Cómo ves la actitud de los padres en general?

Los padres hacen lo que pueden y lo que creen que es lo mejor para sus hijos. Es un sistema familiar con una historia de cada padre y madre, entonces hay muchos determinantes ajenos a la voluntad. Pero hay que entender a los padres y orientarlos, y devolverles el sentir de que pueden con sus hijos. Muchas veces vienen sin saber qué hacer, han probado de todo y se sienten muy impotentes a la hora de educar. Es importante empoderar a los padres para educar a sus hijos. La ayuda tiene que ser cuidadosa en ese sentido. También se ve mucho que, si bien desde la teoría están alineados, la forma de poner un límite presenta contradicciones.

En cuanto a la puesta de límites, ¿cómo hacer para cuidar la individualidad frágil de los niños, su autoestima?

Ese punto para mí es re importante. Hay una dignidad y un respeto hacia otro ser humano que es importante no invadir. Es muy importante penalizar la conducta, pero no la persona. Penalizar a la persona, pero no el sentimiento que generó esa conducta. El sentimiento merece ser respetado. Le pueden decir: “entiendo que esto te da mucha rabia, pero no puedo aceptar que le pegues a tu hermano. En casa no se pega”. Validar y respetar el sentimiento, pero no aceptar la conducta. A veces los propios padres no lo saben manejar.

EL ESPEJO

amelia-miller_1

El rasgo físico con el cual te reconciliaste:

Los cachetes.

El mejor aspecto de tu personalidad:

La simpatía.

Algo en lo que tenés que mejorar:

Ser más disciplinada.

La última vez que fuiste audaz:

A mí me gusta andar a caballo. Y el último viaje que hicimos fue a Kenia y anduvimos a caballo y me caí. Y aunque me dolía todo, me volví a subir porque era la oportunidad y no la quería perder.

El próximo desafío:

La salud mental pasa mucho por la calidad de los vínculos, fuera y dentro de casa. En la vida hay muchas situaciones de sentirse bien consigo mismo en relación con el otro y cualquier actividad que lleve a eso hace bien. Tengo un proyecto que se llama Bonding, es un proyecto de salud mental que busca fortalecer vínculos a través de actividades recreativas.