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Sembremos confianza

Me gustaría poder decir que no le compré ningún regalo a mi hija por el Día del Niño. Pero no. No le compré uno, sino tres regalos. Ella quería “todoooo” lo que veía en los canales de dibujos animados, no se decidía y yo primero encontré algo que a mí me gustaba, luego una chuchería y finalmente, el último día, se decidió por algo que quería y tal vez equivocadamente accedí, ya que éste es un año especial por la llegada de un hermanito. ¡Y qué caos me encontré ese día en las jugueterías!

Por Marialaura Ibarra

Pero más allá de que hagamos o no regalos y tengamos en claro que el Día del Niño es una más de las fechas comerciales que hay a lo largo del año, no debemos perder de vista cuántas veces tratamos de “compensar” la falta de tiempo con los niños con objetos materiales y recordar que el mejor regalo que les podemos hacer es en valores y autoestima.

Y esto me hizo recordar que Martina, mi hija de cinco años, desde hace unos días me dice que su amigo Nacho -que se autodenomina como “el más grande de la clase” porque fue uno de los primeros en cumplir seis-, le dice habitualmente a ella y a su amiga Maia que “son gordas” y que su amigo Guille “corre como una papa”. El tema no es la primera vez que se toca en casa, ya que en alguna ocasión hasta llegó llorando por situaciones y palabras similares de parte de sus compañeros. Pero esta vez me sorprendió su respuesta: “yo le contesté: ´soy linda como soy, todos somos lindos como somos´”. Al escuchar esas palabras mi pecho se hinchó y me dije: “¡SÍ!, tantas conversaciones sobre el tema dieron su fruto”. Sin embargo, luego me enteré de que eso no le pasa a Guille, que está triste y, por ejemplo, no quiere ir a natación y a deporte para que no se rían de él.

Y esto no es una historia armada con el objetivo de hablar sobre el tema, sino que es una realidad que sucede entre niños de cinco y seis años de un colegio de Montevideo. Y un tema que también se puede ver en el estudio “Más allá de los estereotipos: La reconstrucción de la Fundación de creencias sobre la belleza”, realizado para Dove en 2005 por a Equipos Mori, de donde se desprende que los jóvenes dejan de realizar actividades porque no les gusta cómo se ven o por la incomodidad que sienten con la exposición de su apariencia. Es más, el informe también destaca que Uruguay es el país en el que el 15% de las mujeres de entre 15 y 64 años han dejado de dar su opinión debido a que no les agrada su aspecto.

Frente a estos datos pienso una y otra vez sobre la importancia del apoyo y la confianza que los adultos les brindamos a nuestros niños y cómo resulta fundamental la aceptación de nuestros pares a esa edad. Porque, no perdamos de vista, la niñez es una etapa clave en la construcción de la autoestima que nos acompañará durante toda la vida. Ésta es la causa de la enorme influencia y responsabilidad que tenemos los adultos en este tema.

Por eso, los invito a sembrar aceptación y valoración en los niños que nos rodean, con el objetivo de que las nuevas generaciones crezcan teniendo confianza en sí mismas y una relación sana con su apariencia. Ya que, seamos grandes o chicos, lo fundamental es que seamos felices como somos ya que, al final de cuentas, creo que es la mejor forma de vivir la vida.