Notas

El legado más importante

Ser madre te cambia la vida. Dejás de pensar en singular para pensar cada acción en plural. Dejás de ser vos misma para pensar todo en función de dos. Hay un AM (Antes de la Maternidad) y un DM (Después de la Maternidad).

Por Marialaura Ibarra

Desde ese momento, ser mujer, esposa, hija, prima o amiga pasa a otro escalón y encontrás en la cima del podio el “SER MADRE”. Y lo escribo con mayúscula porque ese huracán de sentimientos que sentís desde el primer momento -que va desde el amor más inmenso, felicidad y alegría hasta inseguridad, miedo, preocupación y, por momentos, estar segura que no podes más-, pasa a ser el centro de tu vida.

La psicóloga Alexandra Rovetta asegura que DM ella dejó de sentir aburrimiento, frío, calor, hambre, sed y hasta sueño. “Porque aunque no durmiera igual, era capaz de estarme noche tras noche despierta. Pero lo que sí sentía era ese amor tan grande que no hay cómo medirlo, ese: “lo haría todo por ti”, ese: “no importa nada más si mi bebé está bien”. Todo gira en torno a esa pequeña personita que tienes delante. Y todo lo demás se me olvidaba… porque sí, todo lo demás parece perder importancia: se te olvida qué día es, qué hora, con quién has quedado, qué pasa en el resto del mundo”.

Pero si crees que eso queda ahí, no es así. Con el paso del tiempo los sentimientos son más intensos y las responsabilidades mucho más grandes.

 

dove

 

En estos casi seis años de titulada en la materia, me he dado cuenta de que la responsabilidad que tenemos es inmensa. Ya que más allá de las obligaciones obvias como madres, somos ejemplo de nuestros hijos 24 horas, los 365 días del año. Es que aunque no nos demos cuenta, los tenemos noche y día observándonos sobre lo que decimos y hacemos. Y sé que no es nada nueva mi observación, ya lo dijo el escritor James Baldwin: “los niños nunca han sido buenos para escuchar a sus padres, pero nunca fallan en imitarlos”.

Es en ese sentido que veo cómo muchas veces lo que las madres pensamos y decimos sobre cómo nos vemos y lo que consideramos bello, repercute inmediatamente en nuestros pequeños. No perdamos de vista que somos la mujer que ella desea llegar a ser o él tiene como modelo, y eso implica una gran responsabilidad, primero hacía nosotras mismas, y luego por y para ellos.

Por eso, no perdamos la oportunidad de hacer la diferencia en la autoestima de nuestros hijos, de dejarles ese legado. Y lo digo porque estoy convencida de que el mejor regalo que le podemos hacer a nuestros hijos es ayudarlos a templar su confianza en sí mismos, su seguridad y a ser felices.