Entrevistas

El crimen pasional no existe, es mentira

La mujer tiene mayor probabilidad de ser agredida en su casa que fuera de la misma. La violencia doméstica es un problema cultural que nos involucra a todos. Un modo de frenarla es desde la educación. Son datos y opiniones de la socióloga Teresa Herrera en relación a esta cruda realidad que se ve re

El 25 de noviembre se celebró el Día Internacional de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres. Distintos organismos organizaron una marcha que partió de la Plaza Independencia hacia la Intendencia, y se realizó una campaña mediática en la que los comunicadores utilizaron un lazo lila para adherirse a la causa. Socióloga, con un doctorado en Ciencias Sociales en la UBA, Teresa Herrera es vocera de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual. Acaba de llegar de Chile, donde participó como observadora experta en la reunión de la directiva de género de la CEPAL. Una reunión de directiva que además comenzó los preparativos para Beijing más 20, las actividades que se harán a nivel de Naciones Unidas sobre los 20 años de Beijing (el primer encuentro de Naciones Unidas donde se habló específicamente de la condición de la mujer).

¿Con qué sensación volviste de este encuentro en Chile?

El año pasado hice una tesis de doctorado sobre la violencia de género donde planteo que hay legislaciones, que hay servicios, pero que las mujeres se siguen muriendo. No logramos bajar las tasas. En este encuentro el tema de la violencia fue uno de los que se trató como uno de los más preocupantes. En el mundo la situación de las mujeres es una situación de desigualdad total, en algunos lugares peor que en otros, ni hablar en el mundo islámico por ejemplo. Pero eso viene cambiando, aunque muy lentamente. Todas estamos de acuerdo en que eso implica un cambio cultural y los cambios culturales son muy lentos. En nuestro mundo occidental las mujeres siguen teniendo la menor cuota de poder político —¡más ejemplo que Uruguay, donde a pesar de la ley de cuotas quedamos en el senado un poco mejor pero poco! Por otra parte ganamos el 25% menos de salario haciendo el mismo trabajo.

Esta cifra bajó un poco, ¿cierto? La última vez que hablamos las mujeres ganaban un 30% menos.

Sí, bajó un poco. La otra cosa que ocurre es que seguimos haciéndonos cargo de la tarea no remunerada. El 70% de la tarea no remunerada la hacemos nosotras entonces esto implica doble o triple jornada. ¿Quién se ocupa de los hijos, quién se ocupa de los padres, de la casa? Ahora ya está medido eso. Una mira y puede decir: ¿qué tiene que ver todo eso con que las mujeres sean víctimas de violencia doméstica? ¿Quiénes son las mujeres víctimas de violencia doméstica? Las muy pobrecitas, muy dependientes, y las muy independientes, las que tienen más ingreso, las que generan más bronca, cuestionan el rol del macho proveedor y ahí empieza el problema. ¿Cuáles son los problemas que seguimos teniendo? Tenemos legislación, tenemos discursos políticamente correctos, pero no tenemos presupuestos…

¿Presupuestos para qué?

Para las cosas que tienen que ver específicamente con las mujeres. La violencia doméstica en Uruguay es el segundo delito contra las personas más denunciado. Tiene exactamente la misma cantidad de muertes que la rapiña y sin embargo no fue un tema en la campaña electoral. El tema es que no hay políticas públicas que atiendan esta problemática en forma transversal. Las políticas públicas demandan recursos. La mayoría de los temas que tienen que ver con el género son financiados por los organismos de cooperación multilateral, que ahora están en crisis. Cada vez las cosas se van a venir más abajo. Es la hora en que todo esto que está tan discursivo, tan lindo, se plasme en políticas públicas eficientes y eficaces que es lo que no pasa en la mayoría de los países, tampoco en Uruguay. En Uruguay tenemos una ley de violencia de doméstica desde el 2002 pero no logramos bajar las tasas de mortalidad.

¿Cómo podrían ser eficaces las políticas públicas? ¿Qué habría que hacer?

Es una gran discusión. Acabo de terminar una nota para el BID sobre el tema de violencia y el tema no es que me preocupo por el género porque digo “todas y todas” y porque hago un programita de empoderamiento de las mujeres a través de la artesanía. Tiene que haber políticas en la educación, un programa educativo que implique enseñar desde que naciste, que varones y mujeres tenemos los mismos derechos. Estaba previsto dentro del programa de educación sexual pero en esta última etapa lo vaciaron bastante de contenido o se hicieron cosas discutibles como lo de Ovejas Negras. La educación es fundamental; a pesar de que se ha mejorado mucho —me ha tocado hacer el estudio de mujer y deporte—, siguen habiendo profesores que enseñan a los nenes a jugar a la pelota y a las nenas a saltar a la cuerda. Los padres lo mismo. El otro día dando un taller les pedí que levantaran la mano a los varones que siendo chicos jugaron con una muñeca. ¿Cómo podemos pedirles después que sean buenos padres? Cuando uno es niño ensaya los roles que hará de adulto. Tenemos que empezar desde ahí, desde lo más profundo. Aquello de que los varones no lloran… Las madres que le llevan el desayuno a la cama a los varones y le exigen a las hijas que ayuden en las tareas del hogar. En la medida en que desde chiquito ves que tu mamá a pesar de haber trabajado la misma cantidad de horas que tu papá viene y lo atiende… Ese es el fondo del problema. Otro tema: el cuerpo de las mujeres. ¿Por qué tiene que seguir siendo moneda de mercancía en los medios? ¿Por qué una mujer para ser linda tiene que tener determinados atributos físicos? ¿Por qué la alabanza a la mujer es “qué linda que sos” y al hombre “qué inteligente que sos”? Esas cosas son las cosas muy de fondo, que tenemos muy internalizadas y que tenemos que cambiar.

¿Cómo ha sido la evolución de la violencia doméstica a lo largo de la historia?

Estadísticas hay recién ahora porque antes era un problema privado. Sí te puedo contar sobre la ideología. Aristóteles decía que las mujeres éramos un mero recipiente, que no teníamos espíritu. Las mujeres recibían el espíritu a través de la semilla del hombre y después de tener el hijo volvía a quedar vacía. Esa es un poco la explicación de porqué los presocráticos reivindicaban como cosa elevada la homosexualidad. No era tanto por una orientación sexual sino porque las mujeres eran seres inferiores y el amor entre hombres era lo más puro. Después, vino Santo Tomás que era un aristotélico. La corriente aristotélico tomista es la que tenemos todos ahora. Luego vinieron las feministas que empezaron a decir “no señores, esto no es así, las mujeres por derecho natural no estamos por debajo de los hombres”.

¿Cómo pudo pasar tanto tiempo? ¿Qué habilitó la rebelión?

Hubo rebeliones, las brujas. En la inquisición a las mujeres sabias se las quemaba porque eran brujas y estaban en contra. Era una época donde no existía la posibilidad de la comunicación, no se había inventado la imprenta. El movimiento feminista empezó cuando hubo posibilidad de comunicarse. Y gracias al movimiento feminista las mujeres votamos, nos divorciamos, podemos manejar nuestro dinero. Y eso, ¿hace cuánto?

¿El tema de la mayor independencia de la mujer ha hecho que aumenten las cifras de violencia doméstica?

Nosotros creemos que siempre hubo, lo que pasa es que estadísticas de por qué se mueren las mujeres estamos llevando desde el 2004. Internacionalmente los únicos países que han logrado bajar las tasas son países como Noruega que implantaron la educación en la equidad desde que eran muy niños. Hicieron reformas en lo laboral muy importantes, lograron obligar a las empresas a respetar los derechos de las mujeres. El problema es que la violencia contra las mujeres es una consecuencia, no una causa. Y la ideología que predomina es que es algo inevitable. Que son conflictos individuales entre personas, que cómo hacés para evitar que un tipo sea celoso. Pero el crimen pasional no existe, es mentira. Todos los casos son calcados: el tipo empieza a aislarla de la gente que la rodea, empieza a ningunearla, decirle que es una tonta… Puede ser brillante en su profesión pero le dice: “claro, sos buena médica pero fijate tus hijos lo abandonados que están”, empieza a alejarla de la familia, a separarla de todos los núcleos que la pueden apoyar, la empieza a controlar. Es un proceso que puede durar años.

¿El acoso psicológico es lo que más predomina?

Es lo que más predomina. En la encuesta de prevalencia que acaba de hacer el INE los números son bien claros. El 64% de la mujeres del país dijo que en algún momento de su vida había sido víctima de violencia de algún tipo. Y el 27% está siendo víctima en este momento. Y sabemos que las encuestas miden el piso, no el techo del asunto.

¿Qué pasa con la violencia de la mujer hacia el hombre?

Es mínima y en muchos casos es en defensa.